OTRA JUSTICIA
RAMIRO RESTREPO U
Se encontró con una mujer
entrada en años, nariguda, mueca, con orejas de burro, uñas en forma de garfio,
pelo ralo, ojos de sapo, barrigona y pies torcidos. Ella lo saludó amablemente
y le preguntó quién era y que hacía por esos pasajes desolados.
-No creerás mi historia-le
contestó don Carlo-Así se llamaba el hombre
-Pues cuéntala que yo soy
muda para delatar bandidos, porque a mí no me engañas y algo non santo ocultas,
te delatan tus ojos, algunos delitos llevas en ese cuerpo tan esbelto, esa belleza de Adonis-le increpó la
desgarbada vieja.
-No te equivocas, estoy
evadiendo la justicia por actos de violación carnal en niñas de entre diez y
quince años de edad-respondió el malhechor-y continuó: no sé en qué momento me
convertí en el monstruo que soy. Yo era un seductor empedernido, no me faltaban
las más majestuosas mujeres que en la comarca había, era incluso perseguido por
hermosas damas de geografías vecinas. Pero de un momento a otro el Destino me
cambió. Las Rosas me clavaban espinas en vez de besos, me trataban como a un
perro sarnoso o me evitaban inmisericordemente. Era el hazmerreir , la escoria
más indignante. Para calmar mi apetito sexual comencé a engañar niñas con
regalos y a violentar a las que no cedían voluntariamente. Por algún tiempo
logré evitar la justicia con mi influencia de joven rico y sobornos a los
jueces, pero llegó un juez incorrupto y tuve que huir. Aquí me tienes y si he
de salvarme necesito un cambio de fisonomía que ningún cirujano estético está
dispuesto a realizarme por miedo a la justicia, el dinero ya no me sirve. ¿Puedes
tu ayudarme acaso?
-Puedo-respondió la
bruja-¿Qué más se podía pensar de semejante figura?-pero ¿qué estás dispuesto a
pagar ?Tu sabes que no hay almuerzo gratis, eso dice la sabiduría popular.
-Estoy en tus
manos-respondió Carlo.
-Yo te puedo cambiar el
rostro con una pócima, empero sólo obra para envejecer.
-¿Envejece también el
cuerpo?
-Si, claro que con buenos
médicos puedes mantenerte con vida varios años, depende de tu estilo de vida,
tienes que volverte un estoico, nada de placeres mundanos. Creo que ya gozaste
demasiado y es hora de pagar. Además tienes que poseerme y cuando yo muera
casarte con mi hija que, aun siendo hermosa, no ha podido conseguir mozo. Nadie
la quiere por ser mi retoño, todos piensan que es hija de hechicera y los puede
dominar con hierbas.
Creyó el don Juan
decadente, que era mucho el sacrificio. Tuvo escrúpulos sobre la vieja y pidió
un tiempo para pensarlo. Le dijo, sin embargo, que lo ocultara mientras tanto y
la recompensaría.
La cara de Parca accedió
confiada en que lo tenía acorralado y en algún momento él tendría que aceptar.
La noche hizo su entrada
y resolvieron irse a descansar. La anciana se miró al espejo antes de dormir y su
narcisismo le indicaba que aún era hermosa para el himeneo y se acostó
convencida de su ilusión óptica. Creía, como en la bruja de Blanca Nieves, que
no había nadie más hermosa que ella. Sin embargo se acordó de su hija y sintió
celos, pero se fue a dormir pensando que podía controlar la situación. El
seductor tendría que yacer junto a ella, costare lo que costare, sentía que lo
dominaba puesto que no tenía otra salida que la propuesta por ella.
El prófugo se tiró a la
cama y empezó a cavilar: de ser posible mataría a la bruja y se apoderaría de
la muchacha que aún no conocía, pero ya pensaba en la hermosura y la ilusionaba
como una de las Tres Gracias .Se durmió y empezó un plácido sueño en un jardín
lleno de infinidad de flores como nunca había visto en su vida, cogido de la
mano de la jovenzuela a la que , efectivamente creía una de las Tres Gracias.
La besaba en las manos, en la boca y en el cuello y se sentía con una placidez
que nunca había conocido, a pesar de haber gozado de tantas divinidades en su
comarca y otras latitudes.
El sueño le duró como una
hora y se despertó anonadado. Pensó que, aún sin conocerla. Se estaba
enamorando de la chica. El no conocía el amor, sólo el goce sexual, por lo cual
se sentía dubitativo, y esperaba que sólo fuera una ilusión pasajera. Ahora
tenía ante sí dos problemas por resolver: acceder a las peticiones del
esperpento que le ofrecía el cambio de faz y la inquietud por el amor de la
moza. No pudo volver a conciliar el sueño y el resto de la noche le pareció una
atroz pesadilla.
Amaneció y lo primero que
encontró fue a la hija de la vieja y quedó petrificado ante semejante belleza.
Él, que había visto tanto esplendor femenino, no tenía con quien compararla, le
pareció única. La dama del sueño era una hermosura insignificante con respecto
a la que tenía al frente. No pudo ni corresponder al saludo.
La madre se despertó
también, pero no hizo alusión a la conversación del día anterior. Se notaba
demacrada, dijo que no había pasado buena noche, pero dejó que el día
transcurriera tranquilo, desayunó y se acostó de nuevo, tan mal se sentía.
Mientras tanto la pareja
paseaba por el jardín y él le hizo sus requiebres a ella. La beldad le correspondió,
fue amor a primera vista. Pasaron el día muy contentos, sin que ella supiera
nada de lo acontecido entre su madre y el violador. Ella estaba inocente del
sujeto con quien hacia sus primeros pinitos de amor. Él sólo pudo cogerle la
mano, ella no se dejó besar por recato.
Llegó la tarde y la bruja
expiró sin mayores ruidos.
Tuvo suerte el maldito y
resolvió uno de los dos problemas o mejor los dos porque se sentía enamorado de
la mozuela y se dispuso a disfrutar de los goces de Cupido.
Lograron definitivamente
enamorarse, pero sin ningún placer sexual, la diva, tal como la llamaba él,
insistía que sólo con el matrimonio disfrutaría de los besos y del tálamo. Él
esperó con paciencia.
Por fin contrajeron
nupcias, pero no lograron disfrutar de la luna de miel, con el primer beso ella
adquirió la figura de su madre y él inmediatamente la repudió, le repugnó su
aspecto y se suicidó. Así fue como operó otra justicia.
Mayo de
2015
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